Web café 04. Genoma, Inc.

por Francisco Reveles

En la edición del 1 de mayo de la revista científica Science (http://intl.sciencemag.org/), los abogados Michael A. Heller y Rebecca S. Eisenberg publicaron un artículo que se plantea el dilema de si el sistema de patentes de Estados Unidos, originalmente diseñado para incentivar la investigación científica, en el caso concreto de la biomedicina podría estar provocando el fenómeno opuesto (“Can Patents Deter Innovation? Anticommons in Biomedical Research”).

Los autores advierten que la maraña de patentes sobre procesos de investigación, ingeniería de secuencias genéticas y otros aspectos de la biología molecular dificulta su trabajo a cualquier investigador y, a la larga, perjudica el progreso en esta área de conocimiento, por tres razones: “los altos costos de negociación” con los dueños de patentes necesarias para nuevos descubrimientos; los intereses hetérogéneos de los dueños de esas patentes, y las propias inclinaciones “cognitivas” de los investigadores.

Pero más allá de consideraciones pragmáticas, y sin cuestionar que el progreso en este campo puede arrojar luz sobre el origen y posible cura genética de algunos males hoy incurables, cabe preguntarse si el mismo sistema legal que se usa para registrar la invención de un polímero, por ejemplo, es suficiente para lidiar con la ciencia de la vida, dado que permite patentar secuencias genéticas generadas o aisladas a partir de procedimientos tecnológicos, aunque estas mismas secuencias ya existan en la naturaleza.

Robert Mullan Cook-Deegan, autor de The Gene Wars: Science, Politics and the Human Genome (New York: W.W. Norton, 1994), advierte que el espectro de la genética humana es limitado (se estima entre 70 mil y 100 mil genes), y que compañías como Incyte y Human Genome Sciences están usando nuevas tecnologías para secuenciar el DNA y producir bases de datos propietarias que, se presume, “contienen fragmentos de la gran mayoría de genes humanos”.

John J. Doll, director de examinación biotecnológica de la oficina de patentes de EU, anota también en Science que “una vez que un producto es patentado, esa patente se extiende a cualquier uso, incluso a aquéllos que no han sido descubiertos”…(!)

Mediante un secuenciador de frases en inglés, podríamos patentar cualquier giro lingüístico en ese idioma que alguien usara en el futuro. Ridículo, ¿no? ¿Por qué ha de ser distinto con un lenguaje (el genético) que venimos cargando desde el principio de los tiempos?

 

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