Web café 03. Propiedad intelectual

por Francisco Reveles

¿De quién es una obra intelectual? ¿Para qué sirve la propiedad intelectual? ¿Es deseable que las obras intelectuales tengan dueño? A primera vista, las respuestas a estas preguntas parecen obvias: La obra intelectual es del autor, la propiedad intelectual sirve para que éste pueda tener un modus vivendi y sí, las obras intelectuales deben tener un dueño, pues si no, todo el mundo se las plagiaría.

En la práctica, las obras intelectuales son de la compañía que las difunde y comercializa, las regalías que le paga ésta al autor original son mínimas (con notables excepciones) y las legislaciones que protegen la propiedad intelectual están más enfocadas a controlar las copias que se puedan hacer de un trabajo –es decir, a cuidar el negocio de distribuir la obra–, que a defender al autor del plagio (que es cuando otra persona se atribuye la autoría de una obra intelectual).

Esto no quiere decir que no exista la autoría; es decir, que al autor se le reconozca el derecho de haber creado una determinada obra, que es, básicamente, una cuestión moral, no legal, pero la propiedad intelectual consiste en redefinir un trabajo creativo como un bien de capital, susceptible, por tanto de ser comprado y vendido, “licenciado” y, en general, explotado económicamente en el mercado de las ideas. No por el autor, en la mayoría de los casos, sino por quien tiene los medios económicos para hacerse de una cuantiosa colección de estos bienes.

La tecnología facilita cada vez más la confección de copias fieles de estas obras. Si ya con la fotocopiadora resultó totalmente impráctico hacer cumplir las legislaciones en torno al copyright, el advenimiento de Internet ha puesto a la defensiva a las industrias basadas en la distribución de obras intelectuales, como la de la música, la cinematográfica y la editorial.

La premisa de este capital intelectual llega a extremos no por ridículos, menos peligrosos para la sociedad en su conjunto, que es el origen y destino de la cultura, vista como el conjunto de los quehaceres intelectuales del hombre.

Cortes estadunidenses han aprobado la posibilidad de patentar secuencias genéticas. En otro país, hubo un pleito legal por cierto tono de verde. Un cuate registró el nombre de Lady Di. Disney no deja que Mickey Mouse se vuelva del dominio público, pese a que ya le toca. Es tiempo de buscar alternativas.

Un pensamiento en “Web café 03. Propiedad intelectual

  1. Pingback: Volver al futuro visto desde el pasado 2 | nihilalienum

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s