Web café 01. Penélope

por Francisco Reveles

El hombre es un animal social, eso lo sabemos. Y lo verifica en su constante afán por tejer tramas en las que se enlaza con otros de su especie. El hombre es, también, un animal que tiende a aislarse de sus semejantes; entonces desteje un poco la red que había comenzado y se pone a hacer su solitaria telaraña en un rincón.

Los utensilios y costumbres del hombre reflejan estas contradicciones. Las redes informáticas que conforman el tejido de Internet, como utensilios, y el café, como costumbre, al mismo tiempo conectan al hombre con el hombre y aíslan al individuo del contacto con sus semejantes.

Lo que se conoce como Computer Mediated Communication (comunicación mediada por la computadora, o CMC) separa al sujeto de su entorno social inmediato al mismo tiempo que le permite alcanzar, virtualmente, a otros que comparten su mismo interés, su soledad, su necesidad de escape o comunicación o, simplemente, la misión de completar una tarea común con la computadora como herramienta.

El café es sinónimo de reunión; taza de por medio se liman asperezas, se enconan ánimos, se resuelven afinidades. Café es amistad, discusión, pensamiento, cotorreo, apapacho, reflexión, comunión y, en el reverso de la moneda, individualismo. El café acompaña los recuerdos y las ensoñaciones solitarias y lo ayuda a uno a leerse a sí mismo.

El café es también alimento para la jornada del campesino, facilitador de momentos comunitarios, colega de la tortilla quemada al fogón. Popular y elitista, compañero del buen comer y del estómago vacío, su aroma atraviesa todas las capas sociales. Cosa que por más optimistas que nos pongamos, no podremos decir de la Red Global en mucho tiempo. Pero ese porcentaje pequeño y creciente de la humanidad que se conecta a través de Internet y sus afluentes está viviendo un experimento social de consecuencias imprevisibles, aunque es seguro que afectarán, ahí sí, a todos los demás. Por eso es importante acompañar este fenómeno en su evolución, y tratar de encontrar respuestas como los adivinos que leen el fondo de la taza. De eso se trata esta columna, de explorar cómo se teje y se desteje este manto de Penélope, siempre dejando la tarea inconclusa, a la espera de quién sabe qué. Por eso, antes de que se acabe su aromático contenido y podamos vislumbrar lo que nos depara la mentada Era de la Información, los invito a echarnos un Web café.

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