La televisión y la Web, matrimonio por insistencia

por Francisco Reveles

[texto publicado en 1996]

En una edición reciente de la revista NetGuide, Tim Haight, una de las voces más sensatas entre los columnistas que se especializan en materia cibernética, se refería a la imagen errónea que genera en el público el maremágnum informativo que hay en los medios de comunicación sobre el fenómeno Internet.

Los medios nos hacen pensar que Internet está a punto del colapso, dice, o que la mayoría de las compañías que proveen información y acceso quedarán pronto fuera del negocio.

En el fondo, sin embargo, se trata de apreciaciones basadas en intereses muy particulares, que nacen de estas mismas compañías que están invirtiendo millones de dólares para construir una supercarretera de la información basada en el comercio electrónico, el entretenimiento y la generación de contenidos propios.

Y lo que dicen es cierto si se acepta la premisa de que la red global debe su crecimiento presente y futuro exclusivamente a la presencia de estas mismas entidades.

Sin embargo, este punto de vista deja de lado el hecho casi perogrullesco de que la red se compone fundamentalmente de los que la usan. De la gente que se conecta para comunicarse, para proveer información, para recolectar información, para hacer contacto, incluso para hacer negocios. Es decir, para conformar una maraña entre personas de carne y hueso que se encuentran tan lejos y tan cerca como el tejido electrónico que las conecta.

Hay estas dos fuerzas, por tanto, que hacen crecer de maneras distintas a Internet. La de la gente común y corriente, que Haight llama “la mayoría silenciosa”, la cual genera un crecimiento que podríamos llamar orgánico sin abusar del símil biológico, y la de estas empresas, forzadas a poner al servicio de esta mayoría su savoir-faire tecnológico mientras encuentran la fórmula para catapultar a la red como un medio de masas parecido a la televisión, sólo que mejor, que se pueda controlar y que genere jugosos dividendos. Llamaríamos a esta “la minoría pretenciosa” que quiere domar una bestia que ha crecido sin su cobijo.

Para una mayoría aún más silenciosa, la de todos aquellos que no están “en línea”, la construcción de esta red masiva de comercio, entretenimiento e información (y de comercio del entretenimiento y la información) tendría la inmediata ventaja de que las posibilidades de conectarse serían mayores, al nacer toda una línea de artefactos electrónicos con la capacidad de navegar que reducirían la curva de aprendizaje que implica el uso de una computadora y, en principio, también el costo inicial del acceso.

La verdadera revolución del medio, sin embargo, estaría en la convergencia de estas dos fuerzas. Que la supercarretera de la información tuviera los suficientes carriles para albergar las innovaciones tecnológicas que le dan utilidad, velocidad y atractivo futurista a sus contenidos. Y que hubiera también carriles disponibles, de baja, si se quiere, para que la silenciosa mayoría siguiera propiciando el crecimiento de lo que es básicamente un conjunto de comunidades autogestivas ordenadas conforme a intereses reales de personas reales, y no conforme a las proyecciones más o menos afortunadas sobre un perfil de consumidor que se generan en alguna oficina de alguna empresa multinacional de entretenimiento.

Las conclusiones de Davos

En el Foro Económico Mundial que se llevó a cabo en febrero pasado en Davos, Suiza, los grandes ejecutivos de las empresas de cómputo llegaron a varias conclusiones que tienen que ver con la convergencia de Internet y la televisión.

Michael Dell, presidente de Dell Computer, informó que en una encuesta reciente que había realizado su compañía, encontraron que la mayoría de sus clientes, cuando estaban en su casa, preferían conectarse a Internet que ver la televisión.

Raymond Lane, presidente de Oracle, vaticinó que la diferencia entre la televisión e Internet pronto comenzaría a hacerse borrosa, y que veríamos cómo en los próximos dos años el concepto de broadcast (una sola transmisión de contenido lineal a millones de televidentes) tendría fuerte competencia por parte de “periódicos” personalizados y del video sobre pedido.

Eric Schmidt, director de tecnología de Sun Microsystems, opinó que el parteaguas vendrá cuando el broadcast digital ponga a la televisión sobre la misma plataforma tecnológica que las computadoras.

Sin embargo, lo que más le preocupó es que la industria alcanzaría pronto un límite en cuanto a la cantidad de personas para las que tiene algún sentido estar en línea.

“Para llegar al tamaño de mercado que tiene la televisión, de un 70, 80 o 90 por ciento, tendremos que adoptar un modelo que se parezca mucho más a la televisión y tenga una intención mucho más clara de entretenimiento que lo que hemos visto hasta ahora.”

Es decir, si se combina la encuesta de Dell con la preocupación de Schmidt, tendríamos un silogismo parecido a esto:

a. La gente conectada prefiere Internet a la televisión

+

b. Llegará un momento en que la gente ya no se quiera conectar

=

c. Hay que hacer que Internet se parezca a la televisión

Esa es más o menos la lógica que predomina en el mercado y en los medios sobre el uso que hay que darle a las nuevas tecnologías de la información.

¿Cómo funciona una WebTV?

Mientras llega el momento en que se funden digitalmente la tele y la Web, podemos contentarnos con opciones que nos permiten navegar la red a través de la tele. Por lo pronto tendremos señales separadas, pero accesibles a través del mismo aparato. Eso si nos decidimos a comprar una WebTV.

Esta tecnología de la empresa WebTV Networks fue licenciada por Sony, Phillips y Sega, compañías que acaban de liberar sus cajas de Web que se conectan a la tele. En el caso de Sega, es en la forma de un aditamento que funciona en conjunción con su consola Saturn de videojuegos. O sea que con el mismo aparatejo podemos jugar y navegar por Internet. Las set top boxes (decodificadores que se ponen arriba de la tele, como los de televisión por cable) de estos fabricantes requieren, como cualquier computadora con módem, que la señal les llegue de una línea telefónica.

Un control remoto hace las veces de mouse y en algunos casos se puede adquirir un teclado inalámbrico para escribir correo electrónico. La principal ventaja de este modo de navegación es su facilidad de uso y, al parecer, que se elimina prácticamente el problema de perder la conexión. La principal desventaja, si eres de los que les gusta archivar lo que encuentra para luego consultarlo en la calma de una computadora desconectada de la red o de un práctico documento en papel, es que no podrás hacerlo, pues la unidad no cuenta con un medio de almacenamiento local ni contempla la posibilidad de conectarse a una impresora. Pero seguramente pronto veremos soluciones a esto. Estos equipos andan por debajo de los 400 dólares. Más la renta por el acceso a través del servicio de WebTV Networks. Estaremos pendientes de quién dará el servicio en México.

MSNBC, la punta de lanza

El experimento más ambicioso para fundir los contenidos y los modos de la televisión e Internet es la empresa conjunta de Microsoft, el gigante de la computación, y NBC, el coloso de la televisión. El modelo que se utiliza en este caso es el de emparentar los contenidos secuenciales y atractivos de la televisión con el insight extra que puede brindar Internet. La televisión sería así como un muestrario de lo que se puede encontrar en el site, en donde se canjea el impacto de la noticia por la profundidad sobre el detalle específico que nos interesa. La idea es que este mecanismo, que actualmente requiere de la participación activa del usuario, quien se tiene que separar de la tele o esperar a que pase el programa para consultar el site, se funda y se confunda en una sola actividad, en la que hay una transmisión estándar al modo televisivo, pero que podemos detener cuando se nos antoje para hiperenlazarnos al asunto que nos llamó la atención y luego, si todavía tenemos ganas, regresar a terminar de ver el programa, o enlazarnos a otro programa relacionado y de ahí saltar a otro site, ad infinitum. De esta manera, la televisión como se la conoce ahora pasaría a ser un formato más a escoger entre los muchos tipos de contenido que componen la red de redes.

Un pensamiento en “La televisión y la Web, matrimonio por insistencia

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